¿Es recomendable cumplir las fantasías?  

 

“Querida Lore, sorry por la pálida de mi carta pero necesito que vos lo sepas, me siento sola y no sé qué hacer. Creo que nos unen desgracias copadas, ¿te acordás lo que pasó con X? ¡Cómo me ayudaste en ese momento! Ahora estoy re mal con X2 y te juro que no hay otro tipo. No entiendo qué me pasa”

Este es un fragmento de una carta que me escribió una amiga durante nuestra adolescencia. Desde que era chica, mis amigas o conocidas confiaban en mí para contarme sus secretos. Especialmente los temas de amor que tanto nos empezaban a preocupar.

En otra ocasión fue al revés, yo fui a preguntarle a otra amiga cómo era la primera vez. Ella tomó mi mano y me hizo una presión determinada. Después dijo, “es así”, refiriéndose a esa sensación en el borde entre el placer y el dolor. Eso quedo grabado en mi memoria.

Hoy las mujeres, amigas, conocidas o desconocidas, me vienen a consultar porqué dejaron de sentir placer o se les fueron las ganas de tener sexo. Cómo hacer para no estar eternamente insatisfechas o entender cuál es el mecanismo por el cual no pueden hablar en una reunión o en una obra artística. Como decía Marie Curie, dejamos de temer a aquello que hemos comenzado a entender.

La mirada y la voz son dos canales del deseo. Por eso es que puede darnos vergüenza ser miradas o se nos puede ir la voz en situaciones donde nos sentimos expuestas. La vida no se caracteriza por ser algo fácil y los seres humanos somos famosos por hacerla más complicada. Por ejemplo, cuando queremos llevar a la realidad fantasías que una vez cumplidas no generan la satisfacción que esperábamos.

Para entender estos temas, primero tenemos que hacer una diferencia entre el campo de la realidad y el campo de la fantasía.

La fantasía es el paraíso o el infierno si la ubicamos en una metaforización bíblica. Quizá te ha pasado de imaginar lo peor y que incluso cuando lo peor sucede, sacás una fuerza no sabés de dónde y eso que es horrible resulta doloroso pero no en la forma en que lo habías imaginado. Las personas que hemos pasado por situaciones difíciles -casi todas podríamos decir- comprobamos que muchas veces en situaciones-límite desarrollamos una capacidad de resiliencia que nos hace reaccionar de una forma adaptativa y reintegrar lo sucedido a una nueva capa de significación. La fantasía está regida por el principio del placer que tiende a la homeostasis del sistema, tal como expliqué en el video “Sabías que el dinero viene de la caca?”. Es decir, queremos que todo permanezca placenteramente igual, negamos las pérdidas porque las pérdidas disparan una cantidad de excitación que es traumática para el sistema. Por eso las fantasías son completas, bañadas de omnipotencia sea en un sentido de paraíso o de infierno.

Por el contrario, la realidad en su sentido más llano es una sumatoria de hechos concretos que involucran el cuerpo, la rutina, el trabajo, las formas ya establecidas por las instituciones para responder ante ciertas situaciones. La realidad queda interpelada por las distintas formas de la falta, habrás escuchado alguna vez “nadie es perfecto”. Las fallas son esos agujeros que no queremos ver,  la finitud de la existencia ligada al amor real y todo lo que sucede al cuerpo cuando está en relación con otros. Aquí funciona el principio de realidad que retarda el encuentro de la pulsión con su objeto de deseo en pos de los requerimientos del mundo exterior. El rodeo en el encuentro con los objetos de deseo está mediatizado por el principio de realidad que te va diciendo, “acá no”, “un poco más tarde”, “estás segura de lo que vas a decir?”. Esas mismas consideraciones que se transmiten a los niños cuando se les enseña a hacer sus necesidades en los lugares adecuados, quizás un poco más elaboradas.

Si bien los seres humanos manifestamos una tendencia a efectuar binarismos, recomiendo no calificar a cada uno de estos de principios como “bueno” y “malo”. Ambos cumplen funciones esenciales en el psiquismo. No es esencialmente malo posponer una satisfacción inmediata por una posterior que nos dará felicidad a largo plazo porque esto tiene una función de supervivencia. Por ejemplo, el fumar y el comer son dos ejemplos clásicos. Al fumar o comer en exceso se intenta paliar un estado de ansiedad o insatisfacción en el momento pero se niega las consecuencias a largo plazo de esa acción. En el otro extremo, si posponemos eternamente puede ser que nos perdamos oportunidades únicas por no disfrutarlas en el momento en el que ocurren. Para profundizar en este tema te recomiendo mi video “Hasta cuándo vas a seguir postergando?”.

Claro que toma tiempo tomar conciencia de estas cuestiones. Tanto es así que incluso en situaciones extremas de violencia de género cuesta salir. Aunque puedan resultar temas obvios vistos desde afuera, desde la vivencia interna de nuestra mente-cuerpo no lo son. Una mujer que parecía muy decidida en el momento a echar a su marido de su casa y realizarle una restricción legal, terminó admitiendo que esa seguridad era momentánea y que su debilidad aparecía cuando a los dos meses de haber tomado esa decisión volvía a permitirle la entrada. Acordé con ella que el punto clave era tomar conciencia de que iba a verse tentada en un par de meses a dejarlo entrar nuevamente a su vida y que debía adelantarse a esa situación. Le indiqué comenzar tratamiento psicológico para hacerse más fuerte y le pedí que por favor no olvidara nuestra entrevista.

Algo parecido sucede con la adicción al cigarrillo, se deja de fumar y a los meses, cuando ya está todo bien y la guardia baja, se vuelve a caer en el vicio. Aclaro que el vicio no es sólo por una cuestión biológica, las células destruidas y mutadas por la nicotina, sino por el hecho de la dependencia. Somos seres dependientes aunque lo neguemos. Por debajo de muchas adicciones encontramos uno de los problemas más grandes que tenemos: la soledad. De ahí viene la frase “el pucho, un gran compañero”, “me prendo un puchito”, como paliativo ya que las acciones negativas que realizamos muchas veces tienen una intensión positiva. Se puede estar sola aunque estemos rodeadas de personas porque de hecho cuando nos vamos a dormir y apagamos el sistema nos encontramos con nosotras mismas.

Por eso recomiendo a las mujeres espacios profesionales donde puedan hablar de las cosas que sienten y animarse a tener una vida distinta. Ojo que esto no quiere decir tirar todo por la borda. Algunas mujeres refieren aburrimiento de eso que es siempre igual y comienzan a hacer movimientos en busca de algo diferente, aventuras por fuera de la rutina. Estos movimientos, de acuerdo a cómo sean realizados pueden ser transformadores o destructores de la vida, por eso es importante encontrar la satisfacción interna. Como dice la poeta Diana Bellessi, “tener lo que se tiene”. Eso me parece importante, cuidar el presente y buscar transformaciones verdaderas, conectadas con placeres concientes y no meras actuaciones inconcientes de traumas nunca dichos.

Entonces, ante la pregunta ¿es recomendable cumplir las fantasías? Debemos tener en cuenta que hay algo que Freud llamó “la realidad psíquica”, esa mixtura entre la fantasía y la realidad en la que cada una vive y de la cual es importante ser cada vez más concientes. Leer la trama de esa “novela propia” nos permitirá distinguir el goce de la fantasía y vida de la realidad. Por ejemplo, una mujer puede querer hacer un trío en su fantasía y al realizarlo sentirse insatisfecha. O pensar al fumar “de algo hay que morir” y en verdad es una fantasía esa capa de no importancia, cuando las papas queman las corazas se ponen a prueba.

Si reconocemos nuestras fantasías, las disfrutamos como tales y extraemos de ellas los mensajes que nos manda nuestro inconciente a través de los sueños, no vamos a exigirle a la realidad que haga maravillas porque en la realidad suceden otras cosas. Con esto no estoy diciendo que la realidad no sea disfrutable o esté condenada al aburrimiento, al contrario, creo que ahí hay todo un mundo por descubrir al que yo misma también me estoy adentrando y espero que muchas mujeres podamos cada vez vivir realidades más sensibles. Como decían los existencialistas, la conciencia acerca de la muerte nos puede hacer vivir más plenamente la vida.

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