Trajes, 2019

Surgen a partir de la observación de un problema de la ropa realizada supuestamente “para mujeres”: es frecuente que no traigan bolsillos o presenten bolsillos falsos. Los bolsillos, generalmente presentes en la ropa “para hombres” dan practicidad y funcionalidad para la inserción del hombre en la vida social. Cada vez es más absurda la diferenciación por géneros, pero sigue siendo una costumbre en innumerables zonas de la vida social. Si analizo la ausencia de las bolsillas en la ropa para mujeres desde un punto de vista manifiesto, encuentro que se intenta evitar el abultamiento de la silueta, buscando superficies planas, ajustadas que “favorezcan” la percepción de la figura femenina. En lugar de las bolsillas, se le ha adosado a la mujer un accesorio a cargar fuera de sí, los bolsos o carteras que funcionan como una especie de prótesis del cuerpo. Si bien en la actualidad y dentro de cierto ámbito es habitual el uso de mochilas de forma unisex, todavía persiste desde las grandes corporaciones esta tendencia.

 

Por el contrario, desde el diseño  se le ofrece al hombre mayor simplicidad y disponibilidad al llevar las pocas objetas que necesita encima de su propia cuerpa mientras que para la mujer, al ser considerada ella misma el objeto, se crean prendas organizadas de acuerdo a aquello que favorece la visibilidad de su cuerpo, ubicándola en un vínculo de dependencia con la acumulación o traslado consigo de las objetas que supuestamente necesita (sea para el cuidado de la belleza personal o de les hijes, etc). Esta carga obstaculiza la libre circulación y aumenta la percepción económica de la cantidad de accesorios necesarios para la vida social “femenina”, si es que existe tal cosa. 

 

En un nivel de análisis latente, me pregunto cuál es la relación de esto con otros dichos acerca de la mujer, en especial las atribuciones producto de la neurosis patriarcal:  ” la mujer histérica necesitaría más porque nunca está satisfecha con lo que tiene”. Este es el flash que la neurosis patriarcal nos quiere hacer creer y al cual damos consistencia cada vez que la angustia nos lleva a realizar lecturas desde la falta. “No tengo nada para ponerme”, pero en lo real del placard, no falta nada.

 

Es una lectura simbólica que vincula nuestra imagen a los deseos, la que machaca la idea de la falta. El exceso de accesorios -carteras, maquillaje, bijou, zapatos,  sombreros, etc.- operan como cobertura reactiva de eso que faltaría.  Pero ¿qué es primero? ¿el diseño de les accesorios es una consecuencia de la supuesta condición de  insatisfacción de las mujeres o esta insatisfacción está producida por la ropa y otras productas diseñadas para siempre necesitar algo externo a ellas? Me refiero que la moda entendida no como algo meramente superficial sino como una superficie vinculada al inconciente, es un vehí-culo de legitimación social. Si la moda puede ser un instrumento de alienación a las estereotipas, también puedo usarla para producir una separación de esos ideales y dar la posibilidad de la configuración de nuevas relaciones entre las cuerpas y el mundo. Ahí entra la performance. 

 

Confeccioné esto trajes o túnicas performáticas con bolsillos como forma de visibilizar el poder de los bolsillos y la potencia que puede tener una cuerpa que tiene encima todo lo que necesita, incluso abriendo campo en el plano del erotismo que no depende tanto de una figura que marque las curvas o la ausencia de ellas sino más bien de la disponibilidad de la cantidad necesaria de ingredientes que pueden alojar esos bolsillos para la performance del deseo de cada quién. 

Me interesa el bolsillo como lugar de ocultamiento del mismo vacío, como posibilidad del auto-diseño de sí. 

 

 

Los trajes o  las túnicas performáticas son el vestido básico para salir a guerrearla haciendo lgp, ya sea por parte de lxs performers de la obra como en la performance de la vida diaria, ya que  aspiran a infiltrarse en la trama social, pudiendo ser solicitadas por quien lo desee.

Estos ejemplares contienen las marcas de distintas activaciones pero también existe la posibilidad de adquirir uno personalizado.

Tienen como referencia los parangolés de Oiticica, en relación a trajes que producen determinados movimientos y portan una historia inconciente. Las pienso como objetos de transformación social.